DESTINO

Los expertos en temas sobre extraterrestres hacían mesas redondas explicando a los televidentes que bien podría ser una visita pacífica la que teníamos frente a nosotros en el cielo, aunque no todos estaban convencidos de tal situación. Los anuncios de los presidentes de diversas naciones aparecían diciendo que se conservara la calma, dictando, en algunos casos, el toque de queda en los territorios nacionales. Las negras naves que ahora deambulaban por los cielos eran seguidas por aviones caza en caso de que fuera necesaria la destrucción de alguna de esas naves.

Él tomaba mi mano, apretándola en un gesto de que evitara preocuparme. Por supuesto que no lo haría. Mi madre había llegado, pero sabía que le gustaba hacer alarde de su llegada. De cuando en cuando volteaba a ver su perfil que parecía tan sumido en la preocupación. Era entonces cuando me acercaba a él y le daba un leve beso en la mejilla. No era posible explicarle lo que era aquélla nave en el cielo, mucho menos que esa nave se encontraba aquí por mí.

Acaricié su mejilla, pero no pude decir una sola palabra para tranquilizarlo. Él no tenía en su mente ninguno de los recuerdos de nuestras anteriores vidas en este mundo, y pese a que así fuera, él no había estado al principio de los tiempos, cuando mi peregrinar en este mundo había comenzado.

Dándole un último beso en la mejilla salí a la calle; observé aún a la muchedumbre en las calles, observando atentamente a la nave, rezando, llorando e incluso, retando a voz en grito una guerra contra los recién llegados.

Inicié mi camino con paso decidido hacia la nave, cuando sentí sobre mi hombro la mano pesada de él.

-Lo siento-, le dije en un susurro, -debo ir con mi madre-.

Él me miró asombrado pero ni siquiera le di oportunidad de hablar, cuando me levanté del suelo, sintiendo el aire a mi alrededor girar rápidamente.  Cerré los ojos hasta caer en un pesado estado de concentración y mi voz se escuchó como un estruendo.

<<Aquí estoy>>.

Fue mi mensaje a la nave de mi madre. Sin embargo no tuve respuesta de su parte, pero si vi, en los ojos de quienes me observaban, el temor que les embargaba al haber presenciado lo que había hecho. Confundida, toqué el suelo. Todos me miraban como si hubieran encontrado un horrible insecto en su sopa. Hasta él, parecía asombrado y lleno de temor. Me acerqué lentamente a él, pero los pasos que dio atrás me indicaron que no entendía aún lo que pasaba.

Un movimiento de mi mano y el viento se encargó de revolver algo más que sus cabellos; sus ideas respecto a lo que me habían visto hacer serían tan confusas que no sabrían si eso había sido real.

Regresé a casa y me acomodé frente al televisor. Mi madre parecía ignorarme. ¿Qué estaba pasando? Un paneo de la cámara que transmitía en vivo, me trajo a la memoria a Sajonia, donde aún estaba en pie el castillo que hace tantos siglos había habitado…

 

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