EL INICIO

El hospital se veía imposibilitado para atender a más pacientes. Las camillas eran ya insuficientes por lo que los enfermos ahora se encontraban sobre cobertores sobre el suelo. Era necesario determinar cuáles pacientes se encontraban enfermos de enfermedades más o menos comunes como el dengue o chikungunya, y aquéllos que estaban infectados con una variante del AH, lo cual significaba que un mal diagnóstico ponía en riesgo a todas aquellas personas que se encontraban en el edificio.

Evgeni y yo teníamos puestos los trajes para evitar cualquier contagio, mas advertíamos que las condiciones en que se encontraba el hospital no eran las mejores para evitar una epidemia, así que ordenamos la cuarentena del hospital, no sin antes la protesta del director y de los pacientes y personal que intentaron salir del mismo para regresar a sus casas.

Habíamos sido notificados por una de las doctoras epidemiólogas del hospital que se había encontrado una nueva variante del AH en uno de los pacientes recién ingresado hace unos días y que tales variantes le hacían pensar en una conjunción entre la rabia y la AH, lo cual equivaldría a desconocer completamente las consecuencias y formas de contagio de la variante de este virus.

Al encontrarnos con ella en el cuarto piso, nos encontramos dentro de un cuarto aislado en el que cuatro enfermeros luchaban contra un paciente que gritaba y daba golpes con una fuerza tal que aquéllos cuatro hombres se veían imposibilitados para sujetarle.

Tras varios esfuerzos de Mawson pudo aplicarle al paciente un narcótico para tranquilizarlo, lo cual me permitió examinarlo. Para mi sorpresa, el ritmo cardíaco del paciente descendió dramáticamente, sus músculos se volvían rígidos como si el paciente hubiera perdido la vida y el proceso de descomposición se hubiera acelerado. Tras perderse el ritmo cardíaco, la  Doctora Mawson y yo procedimos a realizar RCP, sin embargo el monitor nos gritaba con su zumbido que el paciente había muerto.

De forma inmediata tomé muestras de la sangre del paciente, mismas que fueron resguardadas por Evgeni, mientras Mawson determinaba la hora de la muerte. Dedicándonos, después de eso a realizar un reconocimiento del cuerpo del paciente.

Nadie lo esperaba. Tras haber permanecido durante una hora muerto, aquél paciente despertó y en un rápido movimiento atacó a la Doctora Mawson destrozándole la yugular. El golpe siguiente de aquél individuo me quitó el casco del traje de protección  y estuvo a punto de hacerme lo mismo si no hubiera sido por un disparo de Evgeni que le destrozó el cráneo.

Unos segundos fueron suficientes para evaluar la situación. La Doctora Mawson aún se encontraba con vida, sin embargo, la hemorragia provocada le dejaba en un grave estado de salud. De forma inmediata se ordenó el ingreso de la doctora a una de las salas de quirófano, mientras me encargaría de desinfectarme, pues la sangre de aquél paciente me había caído en el rostro.

Evgeni me veía con preocupación mientras terminaba de vestirme. El silencio se hizo profundo entre ambos cuando llegó la noticia de que la Doctora Mawson había perdido la vida durante la intervención quirúrgica.

Ahora nuestro trabajo se centraría en tomar las notas de Mawson sobre el caso del paciente, así como en obtener muestras de sangre de ella misma. En mi mente repetía una y otra vez lo ocurrido con ese paciente, estaba segura que el monitor y el estetoscopio decían que el paciente había muerto, ¿cómo pudo levantarse y atacar a la Doctora?

En compañía de Evgeni me dirigí a la morgue donde ya se hallaba el cuerpo de la Doctora Mawson. Mientras manipulaba la jeringa para obtener varias muestras de sangre, sentí cómo mi vista comenzaba a nublarse y después de unos minutos, una terrible sensación de frío comenzó a invadirme.

En el instante mismo en que estaba perdiendo la conciencia, observé a la Doctora Mawson levantarse de la plancha.

Cuando desperté me encontré en un cuarto aislado, con Evgeni a mi lado. Fue él mismo quien me indicó que habían encontrado en mi sangre los mismos anticuerpos que en la Doctora Mawson y el paciente, lo que significaba que de alguna forma me había contagiado. Intenté recordar cada instante vivido desde que habíamos ingresado al hospital y así lo supe: una gota de sangre del paciente había caído en mi boca y a eso, sin duda, debía mi contagio. Lo cual daba respuesta parcial a las medidas que debíamos tomar para evitar una epidemia.

Lo inusual era que tanto el paciente como la Doctora Mawson habían “despertado” tras haber sido declarados clínicamente muertos. Evgeni, pese a mi insistencia y la importancia de los acontecimientos se negaba a decirme qué había pasado con la Doctora Mawson en la morgue, limitándose a decir que en consecuencia había ordenado que la policía local hiciera un cerco alrededor del hospital para evitar que alguien saliera del edificio.

Durante horas que me parecieron interminables continué trabajando, sin embargo, la situación de estado en el hospital provocó que los pacientes, familiares y personal del mismo se amotinaran. El cerco instaurado por la policía fue prácticamente inservible, pues el disparar sobre personas “inocentes” frente a las cámaras de televisión era inadmisible.

Antes de poder separa el virus caí en cama. Ya sabía lo que me esperaba así que preparé una inyección letal para hacer que, antes de que Evgeni se dirigiera en helicóptero a las instalaciones centrales, yo “despertara”.

Un adiós entrecortado… dolor… oscuridad… y el ruido del helicóptero de Evgeni en la azotea fueron mis últimas sensaciones.

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