INSIGNUM

MICROFS4

Quedó en silencio. La oscuridad reinaba el universo que ahora, era la nada. Entonces, un latido comenzó a escucharse; un pulso que se extendió para crear las estrellas y conformar la vida en un pequeño planeta.

De las cenizas del tiempo, Insugnum se creó. Jardines vírgenes y mares inmensos se hicieron para aquellos afortunados cuya vida se inició.

Caminaban sobre esa tierra, hombres y mujeres, conscientes de que todo era parte de ellos y ellos, parte del todo. Entrelazados, por siempre unidos, afectados por las acciones del otro y de los pequeños acontecimientos, que día a día, traerían un resultado ya esperado a sus vidas.

Bajo esta conciencia, no había ni bien, ni mal, todo era un conocimiento que adquirir, que analizar y así, evolucionar.

Un día, Capricornio vagaba entre el bosque, observando el brillo del sol tras las hojas de los árboles; las aves trinaban a su alrededor; el rocío empapaba su ropa, llenándola del frío matinal. Sentir el aire correr en su espalda le hizo reír.

en el bosque

Era primera vez que se escuchaba una risa en Insignum y ella se aterró ante lo sucedido. Más sorpresa causó en su ser el miedo a la consecuencia de su risa y el propio miedo que empezó a sentir, así que procuró guardar dentro de su más profunda memoria aquellas emociones que la ocuparon, para que nadie más supiera lo ocurrido.

Al adentrarse el sol en el horizonte, Capricornio regresó a la villa. Antorchas y humo de hogueras llenaban el pequeño zócalo.

Sagitario, con voz en cuello decía que su estabilidad peligraba: las emociones comenzaban a aparecer en algunos de ellos.

-Las emociones no serán permitidas-, decía con tono imperante, -son un estorbo para nuestra civilización.

A su derecha se observaba a Géminis, atado de pies y manos a un poste. Sagitario tomó una antorcha y con paso decidido se dirigió a Géminis, exclamando que no se permitiría una desobediencia tal que hiciera peligrar la estabilidad que se tenía.

Sólo Capricornio, ahogó un grito de terror cuando Géminis era quemado en la hoguera. El olor a carne quemada y los gritos llenaron la noche de Capricornio.

Asustada y envuelta en llanto, se encerró en su pequeño habitáculo. Si Sagitario notaba aquéllas emociones en ella, terminaría igual que Géminis: calcinada en la hoguera.

Los días pasaban y su pequeño arcoiris de emociones crecía día a día.

Naves sobre las cuales cruzar océanos y viajar a sus profundidades fueron construidas. Su civilización pronto se extendió hasta los confines de ese planeta.

-Humanos-, señaló Sagitario un día, -hemos encontrado humanos en algunas regiones del planeta. Humanos que pelean entre sí por poder y codicia. Sólo pocos podrán aventurarse a su contacto, pues no podemos dejar que sus emociones contaminen y dañen nuestra estabilidad.

Con extrema curiosidad, Capricornio intentó hacerse voluntaria para conocer a los humanos; así que tras varias pruebas, fue designada para adentrarse donde las pirámides imperaban.

Sagitario iría con ella.

La recepción en aquélla extraña tierra sorprendió a Capricornio. Viandas y vinos les presentaron, música y cánticos les acompañaban a su paso. Sorprendida observaba las construcciones fastuosas que habían creado aquéllas criaturas, más aún al observar que tras latigazos y heridas, los esclavos trabajaban para construir aquellos templos.

El sonido de los látigos perforaban sus oídos y en un arrebato, impidió mayores heridas a un pequeño niño que había caído cerca de ella.

Aquél acto, llenó de furia a Sagitario, quien con fuerza sujetó a Capricornio para llevarla de nuevo a Insignum, enjaulada cual presa y amordazada para no recordarle a Sagitario que él también tenía emociones que ocultar.

El camino de regreso fue en silencio. La hoguera esperaba en la plaza y fue entonces cuando ella pudo hablar.

-Mi vida cegarán-, gritaba Capricornio-, por sentir de esta forma, pero han de saber que no soy la única, pues Sagitario, logra sentir al igual que yo y en cada uno de nosotros está la semilla de la que brotan esas emociones. Somos parte de ellas, no lo podremos negar.

Como en un despertar, cada habitante de Insignum comprendió las emociones que sentían: amor, odio, necesidad de poder y venganza…

Algunos partieron, otros, esperaban obtener el poder y así dominar aquélla porción de tierra que habitaban.

Capricornio, en la revuelta, huyó a los bosques donde se ocultó. Tras de sí dejó el clamor de los combatientes y la sangre que comenzó a brotar cual lluvia.

El tiempo pasó y sólo cuando los sonidos de guerra terminaron, Capricornio decidió salir de su escondite. Frente al mar, encontró la ciudad desierta y a Sagitario con la vista perdida en el horizonte.

-No hay más nada-, dijo con un hilo de voz, -traté de impedirlo. Fracasé, gracias a ti.

-No soy la enemiga, ni los sentimientos. Son las decisiones que tomamos, los sentimientos a los que nos abandonamos. Esto no fue una utopía, es el inicio de ella.

 

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