MI CASTIGO

Observaba la puerta de cristal giratoria sin decidirse a entrar al edificio. En su memoria vagaban los recuerdos de la noche anterior y su sexo se encendía inevitablemente al traerlos a su presente; sin embargo, temblaba ante la idea de volver a tener una noche igual.

Respiró profundamente y entró al edificio oprimiendo el botón del décimo piso donde se encontraba su apartamento. Se sonrojaba, suspiraba y mordía sus labios… él era lo que justo deseaba y lo que no al mismo tiempo.

Sacó de su bolsa la llave e hizo girar la perilla para poder entrar. Él, esperaba tranquilamente sentado sobre el sillón con el cigarrillo en la mano y esa sonrisa cautivadora que le fascinaba. Se dirigió a ella con movimientos felino, sujetándola fuertemente de las nalgas para besar y morder sus labios.

Ella trató de abrazarlo, pero en un ágil movimiento él tomó sus manos para impedirlo, llevándola contra la pared donde quitó una a una todas las prendas que usaba. Ella intentó  tocarlo de nuevo, pero él, la tomó del cuello para detenerla, susurrando en su oído un imperioso “No”.

La llevó entre sus brazos a la sala de baño. Con esa voz grave que gobernaba todo, le ordenó a ella que se quedara contra la pared, dándole la espalda mientras él se desnudaba.

Ella se preguntaba qué oscuro placer sería el que se desataría esa noche, cuando sintió acercarse a ella.

Una mordida en su hombro le hizo gritar, en tanto que sus manos la tomaban con fuerza de la cadera para hacer que su sexo rozara con el de ella. Ella sentía la firmeza de su pene deslizarse a través de sus labios, impregnándose de la humedad que brotaba.

Roces que la hacían gemir poco a poco de placer, hasta que una nalgada le hizo quejarse. Él la tomó del cuello otra vez ordenándole silencio.

-Métete a la bañera-, dijo con gravedad.

Dudando, ella se acomodó en la tina. Con aire de satisfacción, él se sentó frente a ella.

-Mastúrbate-, le ordenó .

Sorprendida por la orden parpadeó varias veces.

-Mastúrbate- dijo otra vez. -No me observes o cruzaré tu cara con una bofetada.

Ella, confundida, llevó su mano a su clítoris para frotarlo. Cerró los ojos al comenzar a sentir placer, por lo que, los dedos de su otra mano iniciaron un suave ritual sobre sus labios mayores para penetrarse ella misma con su dedo medio.

El silencio se quebraba con los gemidos que se escapaban de su boca. Entonces, de pronto sintió que él sujetaba sus manos con fuerza, en tanto su pene la penetraba con rudeza. La sostenía de sus caderas mientras el embate iniciaba. Él mordía sus labios y después su cuello, dejando las marcas que tanto le gustaban sobre la blanca piel de ella.

El agua se revolvía con su movimiento. Él apresuraba su marcha, tomando entre sus manos los pequeños senos sonrosados que tenía frente así, apretando sin consideración alguna, sus pezones.

Ella intentaba tocarlo, pero sus manos eran atrapadas antes de que lo hiciera.

Dentro de su cuerpo, ella lo sentía moverse, tocando el cervix, causándole placer y dolor a la vez.

Un movimiento más, uno solo y el orgasmo hizo que el cuerpo de ella temblara mientras él apresuraba su marcha gritando unos segundos después para vertirse en su interior.

Ahora él, era ternura plena, abrazando el cuerpo frágil de ella, susurrando en su oído deliciosos “te amo” que la llenaban en cuerpo y alma.

 

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