AUSENCIA DE CABELLOS ROJOS

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No estás conmigo… no importa,
pues mis manos se divierten
quitándote la ropa.
Se ajusta el ego a tus caderas
y se enredan mis manos
a tus cabellos rojos.
Montunas caricias vagan en tu talle,
respiro el perfume suave
del que impregnaste tu piel.
Me detengo… no estás,
más, mis dedos viajan
con vehemencia a ese lugar.
Palpo tu suavidad
rozo la ternura
de la guarida donde estar.
No estás conmigo…No importa,
pues hago el amor a la sombra
del recuerdo que el cuerpo añora.
Cierro los ojos… no estás.
pero el eco de tu voz quedó,
en el silencio de la habitación.
Monto en rabia sobre tu cuerpo,
penetrando en celo cada rincón,
haciendo mío el vacío sobre el colchón.
No estás… ¡Qué importa!
pues las manos que me tocan
son las tuyas aunque no sea verdad.
Me elevo hasta alcanzarte
y ese grito me hace amarte,
hasta querer desfallecer.
Acaricio tus cabellos rojos,
controlando la emoción
de este cuerpo que por ti nació.
Tiemblo y cae la realidad:
es el vacío que me ha amado,
pues aquí no estás y jamás volverás.
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