EL PEOR MONSTRUO

El día era como la noche. Jamás supieron qué había pasado con el Sol, ni cómo los monstruos debajo de la cama comenzaron a surgir. Así que cada vez que el reloj marcaba la hora para ir a dormir, buscaba debajo de su cama con alguna lámpara algún monstruo que pudiera asustarla mientras dormía.

No siempre había podido descubrir a los monstruos que se escondían bajo su cama y en esas horas dedicadas al sueño, esos monstruos se habían colado a su habitación haciéndola despertar tiritando de miedo.

Esta vez no había visto una sombra que yacía bajo su cabecera y con cierta tranquilidad se había dormido.

Pronto el monstruo salió, pero no era un monstruo común. La envolvió con susurros en su oído que le ordenaban despertar. Rozaba sus labios con extrema ternura y la observaba respirar.

Tanto le susurró que el monstruo consiguió su fin: despertarla.

Al abrir los ojos ella lo vio observarla con ternura y tomarla entre sus brazos para amarla.

Reconoció en él, el recuerdo que tantas noches había acudido a ella para hacerla suya y se entregó a los dictados de su alma y las caricias que él le brindaba.

Las horas de la noche acabaron y con ellas el monstruo se esfumó bajo su cama. Ese monstruo era el peor.

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