OSCURIDAD II

Me dolía el cuerpo. Al abrir los ojos sólo vi un panorama oscuro que me tragaba. Difícilmente me compuse, apenas si podía moverme.

Tantee el piso para averiguar si aún me encontraba en el pasillo del cuarto piso.

¿Qué era lo que había pasado?

Palpé todo mi cuerpo y hallé toda la ropa en su lugar. Busqué en la oscuridad la maleta y el teléfono, encontrándolos.

Me incorporé y avancé a lo largo del pasillo oscuro con la luz del celular como apoyo hasta que vi la luz de un pasillo semi iluminado. Busqué la puerta del apartamento 43 y toqué.

Mi tía abrió la puerta y al verme, dio un grito de horror. Con la misma agilidad que lo hubiera hecho mi madre, me llevó a la habitación para recostarme en la cama. Hizo varias preguntas pero no podía contestar porque no sabía siquiera que había preguntado.

En cuanto mi tía me quitó los zapatos caí en un profundo sueño…

Al despertar, el sol se filtraba en la ventana, pero era un Sol mortecino. Me levanté y vi mi semblante en el espejo. Mi blusa blanca tenía marcado un hilillo de sangre y mi rostro estaba completamente pálido.

¿Qué había pasado?

Me lavé como pude y me cambié enseguida. Apenas podía moverme. Al salir a la sala, encontré a mi tía platicando con otra mujer madura, quienes al verme callaron abruptamente.

Con un semblante compasivo, mi tía se acercó a mí para darme un abrazo y presentarme a la señora N…

Entre ambas me hicieron un largo interrogatorio que parecía interminable. Querían saber si el atacante me había hecho algo además de las marcas que tenía en el cuello.

Rápidamente me explicaron que esos ataques llevaban ya un año sucediendo. Extrañamente, en ese pasillo,por más focos que se renovaban día tras día y a pesar de tener sendas ventanas permanecía impenetrable durante las noches, por ello, los vecinos sabían que al esconderse el Sol, no debían aproximarse a ese lugar.

Respiré profundamente, la luz mortecina del Sol se hacía cada vez más escasa, así que la señora N…, se retiró sin más preámbulos.

Al salir la señora N…, me quedé en el umbral de la puerta, observando aquél pasillo que extrañamente al esconderse el Sol, se transformó en plena oscuridad.

Vi cómo las sombras avanzaban cubriendo ventanas, escalones y un pasillo pequeño. Esa oscuridad se llevó consigo mi aliento… alguien me había hecho daño, pero afortunadamente, sólo quedaban en mi cuello pequeños moretones de lo que pudo ser una tragedia mayor.

Respiré agitada y cerré la puerta tras de mí, dejando a las sombras hacer su trabajo por esa noche.

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