SUEÑA…

Despertó en una flor. Frotó sus ojos y miró a su alrededor. Era un paisaje de flores amarillas y violetas como no había visto. Volvió a frotar sus ojos y al abrirlos de nueva cuenta seguía el mismo paisaje.

-Otra vez atrapada en un sueño- se dijo.

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Suspiró. La flor estaba tan mullida que resultaba cómoda aunque el aire frío se colaba un poco entre los pétalos  y la hacía tiritar. Sin muchas ganas, se estiró sobre la flor y encontró bajo ella suaves plumas blancas de seda. Se incorporó y descubrió que esas plumas blancas pertenecían a un hermoso par de alas que estaban en su espalda.

Las observó y estas se sacudieron.

-¿Volaré?- se preguntó sorprendida.

Abrió los pétalos de la flor donde se encontraba y puso un pie en el suelo. Al instante, su diminuto tamaño dejó de existir y poco a poco se convirtió en la muchacha alta y espigada que era. Se sonrío diciéndose que ese sueño cada vez estaba mejor.

Observó el Sol y las nubes que aborregadas cubrían el cielo. Estiró un brazo como intentando alcanzar una nube. Sin pensarlo, sus alas se batieron delicadamente para elevarla del suelo. Vio su sombra bajo sus pies y riendo, dirigió su mirada al cielo para elevarse un poco más… más cada vez… quería tocar las nubes y llevarse una en la bolsa de su falda.

Posó la mirada sobre el campo donde había despertado y lentamente éste comenzó a alejarse, para así adentrarse en un bello y calmo mar, donde vislumbró sirenas que nadaban entre las olas.

Saludó a algunas sirenas sonriendo, pero en respuesta recibió desdén. Trató de no preguntarse la causa de eso, por lo que se dedicó a perseguir nubes en el cielo.

Volaba tan alto que pensaba que alcanzaría incluso al Sol…

-¡Plumas!- dijo sorprendida cuando miró plumas blancas como las suyas esparcirse a su alrededor. Buscó con la mirada al ave o quimera que dejara ese rastro, mas, muy tarde notó que eran sus alas las que se estaban deshaciendo.

Cuando sus alas no pudieron soportarla comenzó a caer. En su desesperación intentó sujetarse a una nube pero ésta se deshizo en sus manos, permitiendo su estrepitosa caída en el mar que se encontraba abajo de ella.

El impacto contra el agua fue tal, que se sintió perdida unos instantes. Su cuerpo dolía y el aire comenzó a faltarle. Desesperada luchó contra el mar que la jalaba al lecho marino para salir a la superficie y tomar sin ningún pudor, el aire que necesitaba.

Su cuerpo seguía doliéndole y a su alrededor sólo veía la continuidad del mar. ¿Hacia dónde debía nadar? ¿Y si nadaba hacia una dirección y en lugar de llegar a puerto seguro se alejaba de éste? El agua estaba fría y le congelaba el cuerpo.

-¡Auxilio!- comenzó a gritar con desesperación.

Había sirenas, las había visto y sin duda ellas podrían auxiliarla para llegar a la orilla del mar.

-¡Auxilio- volvió a gritar una y otra vez hasta que su voz no pudo más.

Rendida por el dolor en su cuerpo y desesperación, se dejó llevar por la marea. Cerró los ojos pues ya no le importaba su destino y dejaría a la buena voluntad del mar su existencia.

De pronto, y tras haberse abandonado así a la desesperanza, sus manos rozaron con lo que había parecido una roca. Sintió cómo unas manos la sacaban del agua y la sostenían delicadamente.

Abrió los ojos, encontrándose con una mirada tranquila y un rostro que en su expresión tenía ternura y preocupación. Él, la acomodó suavemente sobre el arrecife flotante en el que estaban, dirigiéndole una mirada de escrutinio a sus alas.

Sintió pena de verse y sentirse así, débil y con unas alas tan rotas. Él la tomó entre sus brazos acurrucándola sobre su pecho.

Ella cerró sus ojos y antes de caer en un profundo sueño, escuchó su dulce voz en el oído que le decía que descansara.

Al despertar, el Sol se había marchado ya y en el cielo estrellado reinaba una Luna menguante que invitaba a suspirar. Se sintió aún entre sus brazos y se topó con su mirada profunda de ojos negros. Tímidamente levantó una de sus manos para acariciar su mejilla… ya lo conocía de otros sueños.

-¡Vaya sueño- dijo en voz alta.

-¿Crees que es un sueño?- le preguntó él en tono dulce pero curioso.

-¿Qué otra cosa sino eso?- le contestó tan segura como pudo.

Intentó ponerse de pie pero no pudo hacerlo sin que él la ayudara. A su espalda, las bellas alas que tuviera en la mañana aparecían completas, sin señal de haberse desplumado y roto tras la caída. Lo miró con sorpresa y éste respondió con una sonrisa.

Caminó hacia la orilla del arrecife para observar su reflejo y así, ver sobre la superficie del mar un hermoso par de alas que lucían intactas.

Escuchó un chapoteo y vio a una sirena saltar del agua para intentar herirla. Él la tomó de la cintura cubriéndola con un bello par de alas negras para que así la sirena no pudiera atacarla.

Al no percibir mayor peligro, él plegó sus alas, sin soltarle de la cintura, para dejarla frente al reflejo de ambos sobre el mar.

Ella tomó la mano que rodeaba su cintura y a su espalda sintió la respiración agitada de él. Sintió que él la aferraba con fuerza hacia sí y batió sus alas negras para elevarla de aquél arrecife.

La hizo volar tan alto que podía tocar las estrellas y nubes que ahora eran grises y tan bajo que al estirar su brazo rozaba con sus dedos la superficie del mar.

Al llegar a la costa, se dirigió al campo de flores donde ella había despertado y con suma delicadeza la depositó en la flor que había sido su cama. La rodeó entre sus brazos y rozó sus labios con los suyos en señal de despedida.

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-Sueña- le dijo susurrando.

Un sueño profundo la invadió mientras observaba su rostro que, en la oscuridad de sus párpados que se cerraban, se perdió.

El despertador sonó y sin dudarlo de un manotazo lo hizo callar. El Sol entraba a raudales por la ventana y un gruñido de su estómago vacío le dijo que ya había despertado. Se estiró sobre la cama y con un tremendo bostezo se dijo que su flojera era tan grande como para no moverse inmediatamente.

<<Sueña…>>, se susurraba. ¿Qué extraño? ¿Sería que en los sueños se piensa que eso es la realidad? O, ¿es que la realidad era esa y no esta en la que vivía?

Decidida a dejar atrás su sueño se levantó para acomodar sus sábanas e ir a desayunar, mas, al estar acomodandolas, una pequeña pluma negra salió volando. La recogió del piso y la observó a contraluz. Era igual a la de aquél hombre que la había salvado…

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