TUS SUEÑOS EN UNA ESFERA DE CRISTAL

Quiero tus sueños en una esfera de cristal-, dijo.

Yo suspiré mientras pensaba en dónde podría encontrar semejante cosa como regalo de navidad. Había visto paisajes nevados y muñecos sonrientes encerrados en esferas de cristal, pero ¿sueños en ellos? Nunca, sin duda, nunca lo había visto.

Salí a la calle pensando en ello. Caminaba distraído preguntándome en qué lugar podría conseguir semejante cosa, cuando, sorpresivamente sentí un golpe en mi hombro derecho. Un sonido de cristales rotos y un suspiro fuerte fueron las siguientes cosas que escuché, así como el sollozo de una chica que sin querer, había chocado conmigo y al hacerlo, había dejado caer una esfera de cristal.

Eran sueños en una esfera de cristal-, sollozaba.

¿De verdad?- pregunté-.¿Dónde puedo conseguir algo así?

En la juguetería de la ciudad-, me respondió mientras tomaba entre sus manos los restos que quedaban de la esfera.

Con cierta prisa, ayudé a la chica a recoger los restos de cristal y después de una sincera disculpa, partí hacia el centro de la ciudad en busca de la anhelada esfera.

La juguetería vomitaba gente. Así que, con mi excepcional agilidad de elefante intenté colarme en aquél lugar, no sin antes repartir empujones, codazos y si hubiera podido, hasta mordidas con tal de llegar a un agitado dependiente que parecía volverse loco con tantas personas que atender.

Una esfera de cristal con sueños, por favor-, le dije al dependiente en cuanto lo tuve cerca, más éste pareció no escucharme, por lo que desvió la atención a otra persona que se encontraba cerca de mi.

Disculpe, una esfera de cristal con sueños-, le repetí al cabo de unos minutos, pero el joven volvió a negarme su atención, así que aguardé tranquilamente a que atendiera a otra persona.

Esperé pacientemente el tránsito de diez personas más por las hábiles manos del dependiente que les entregaba todos los juguetes que buscaban, no importando fueran cosas extraordinariamente raras. Finalmente, volví a intentarlo.

Una esfera de cristal con sueños, eso quiero-, rogué al dependiente que otra vez me ignoró.

¡UNA ESFERA DE CRISTAL CON SUEÑOS! ¿ME VA A ATENDER?-, grité con todas mis fuerzas. El joven, finalmente se fijó en mi y con un amable discurso me dijo que esas esferas se habían acabado, ofreciéndome en cambio un circo diminuto con animales de verdad, con un pequeño descuento por el desaguisado de no tener la esfera que buscaba.

No hice caso a la oferta y salí de la tienda con el alma desanimada. Al estar en la acera pensando sobre el inmediato futuro de mis pasos y la obtención de la esfera, sentí unos dedos que tocaban mi hombro. Era una jovencita que con una sincera sonrisa me indicó que había esferas de ese tipo en la juguetería que se localizaba a un extremo de la ciudad.

Esas indicaciones me devolvieron el alma al cuerpo, así que fui corriendo a la estación del tranvía para que me llevara a la dirección que me había dado la jovencita. Una hora y media de camino se convirtieron en una eternidad, así que me bajé en un instante del tranvía en cuanto llegó a la parada designada y encaminé mis pasos a la juguetería.

Suspiré al ver que el lugar estaba atestado de gente, sin embargo, mi esperanza tuvo su respuesta al ver un anuncio que indicaba “Esferas de cristal con sueños $1,000”. Entré con el corazón esperanzado. Y vi en una mesa una única esfera de cristal con sueños así como una mano que estaba a punto de tomarla. Corrí en un acto reflejo, pero mi velocidad no impidió que esa mano tomara el objeto preciado. Frente a la mesa vacía me quedé observando el letrero que marcaba que había esferas de cristal con sueños.

Tendrá que ir hasta el otro extremo de la ciudad donde se encuentra otra de nuestras sucursales-, me dijo una voz a mi espalda-. Hace rato hablé con respecto a esas esferas y me dijeron que aún tenían suficientes. Vaya -me dijo una dependienta.

Con la esperanza renovada tomé de vuelta el tranvía hacia el otro extremo de la ciudad. Dos horas de camino… Mi estómago gruñía de apetito feroz y mi boca se encontraba seca por la sed y el hambre que ahora me dominaban, por lo que, en cuanto llegué al otro extremo de la ciudad, fui a parar a una tortería donde me zampé cuanto desee de comida y bebida. Respiré profundamente satisfecho y voltee mi mirada al cielo en el que se dibujaban ya las primeras estrellas de la noche. Recordé mi misión y salí corriendo del lugar para alcanzar la juguetería que estaría próxima a cerrar.

Corrí durante unas cuantas cuadras hasta que no pude más. Cuando me quedé sin aliento vi a un guardia a punto de cerrar la puerta de la juguetería, por lo que reuní fuerzas de la desesperación para dar mi último sprint. Metí un pie en la puerta para impedir su cierre y rogué al guardia, con lágrimas en los ojos por el esfuerzo, me dijera si había esferas de cristal con sueños.

Lo lamento, hemos cerrado y de esas esferas ya no hay, vi salir la última hace una media hora-, me respondió el guardia con voz profunda.

Quité el pie de la puerta para permitir al guardia completara el cierre de la tienda y con el alma en un hilo me senté en la acera. Pensaba en los ojos ilusionados de ella cuando me pidió esa esfera. Había sido mi propia culpa el no encontrar el anhelado objeto, pues había cambiado esos ojitos ilusionados por la satisfacción de mi apetito.

Caminé pesadamente para regresar a casa. ¿Qué le diría a esa preciosura? Le partiría el corazón al no encontrar el regalo que me pidió. Una y otra vez repetía su petición en mis pensamientos <<Quiero tus sueños en una esfera de cristal>>. Mis sueños en una esfera de cristal… si con lo único que soñaba era con ella. De pronto, una idea me iluminó. En cuanto llegué a casa fui por todo lo necesario para hacer aquéllo que había pensado.

Terminé mi obra a media noche y en cuanto la hube acabado, salí hacia la casa de ella.

Toqué la campanilla varias veces y en cada toque mi corazón se agitaba más. Ella apareció con una sonrisa en los labios y esos ojos que se iluminaban cuando me veía.

Detrás de mi espalda saqué un vaso de cristal lleno de agua y sellado de forma tal que no pudiera escapar. Dentro, estaba una fotografía de ambos protegida contra el agua.

Estos son mis sueños – dije con una voz queda por la emoción-. Mis sueños, somos tu y yo.

El beso que me regaló en respuesta, fue el mejor premio al día en que hice de Papá Noel.

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