ASESINANDO A LA POESÍA

Un día se me ocurrió escribir, ¡vaya sacrilegio!, pensarían, pero así sucedió.

Día a día la pluma usaba y las páginas rasgaba.

Imaginaba universos y paisajes, soles e infinitos mares.

Pero en la tinta no quedaba lo mismo que en mi ilusa razón.

Los tiempos me acusaban, las rimas se me escapaban, las letras de mi huían, pues no las sabía utilizar.

Un día de pronto lo supe, conmigo la poesía sufría, conmigo ella moría…

Mi criatura preciosa, ya no sufrirá, pues la pluma dejo en paz.

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